Alpenland

Alpenland

Henry Grivel

Alpenland es el nombre dado por los alemanes para describir la parte de Europa que rodea a los Alpes: 22.000 kilómetros cuadrados con una población de 18 millones. El área cubre aproximadamente el 2% de la totalidad de Europa y contiene territorio pertenecientes a siete países diferentes: Austria 28%, Italia un 26%, Francia un 25%, Suiza 13%, Alemania 3%, Eslovenia 3% y 2% Lichtenstein. Hay 82 montañas de más de 4000 metros.

Las primeras huellas del hombre en los Alpes se remontan a hace menos de cien mil años: las mesetas de Vercours en Francia, Coira en Suiza Monfenera en la entrada del Valle Sesia en Italia. La era glacial del Pleistoceno prácticamente anula todos los vestigios de asentamientos humanos hasta la cuarta y última expansión glacial, el "Wurmian", hace de 8 a 12.000 años cuando el hombre volvió a aparecer en los Alpes en forma de Homo sapiens cazador.

Antica forgiatura Ramponi storici

Alpenland ha desarrollado su propia cultura durante siglos, adaptándose a los problemas de la altitud, del frío y de la nieve a los que están sometidos a los habitantes de las montañas. Durante siglos, Europa, cuna de la cultura occidental ignoró su montañoso ombligo, considerándolo un obstáculo para viajar entre un lugar y otro. La Ilustración y el Romanticismo iban a cambiar radicalmente esta actitud así las cumbres lejanas y precipicios aterradores se consideran lugares de belleza y ocio. Aquí es donde nació el alpinismo, su propio nombre viene de los Alpes y es aquí, en los Alpes que queremos seguir manteniendo nuestras tradiciones, mantener el contacto con las montañas y los hombres que las retaron.

Las ventajosas condiciones económicas no puede justificar la destrucción de una experiencia que se ha creado poco a poco, alimentada por picos nevados formada por las manos y la inteligencia de los hombres durante generaciones; hombres cuyos primeros pensamientos por la mañana vuelan a las montañas y los últimos pensamientos antes de dormirse por las noches a las herramientas que las desafían. En pocas palabras: no comercializamos con nuestra alma para obtener beneficio, no queremos perderla al trasladarnos a otro país. Sabemos muy bien que nuestra alma no se puede mover a un lugar donde no puedes ver el Mont Blanc, donde las gentes que encuentras son incapaces de comprender las dificultades en las montañas, que consideran que subirlas es una pérdida de tiempo. Efectivamente no hay otro lugar que puede producir herramientas tan inspirador y donde el progreso puede llevar a perseguir nuevos retos.